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MARÍA TERESA LEÓN. UNA BIOGRAFÍA


Javier Lorenzo Candel.

He de confesar que soy un apasionado lector de biografías. Quizá porque en todas ellas se practica la distancia como hechizo, una distancia histórica que hace justicia a los personajes, como una observación detallada, con el tiempo pasado, que también da sentido al acto de escribirlas.
La acción del biógrafo, en la mayoría de los casos, es la de dar brillo a su objeto literario, tratarlo como una pieza necesaria en el rompecabezas de la historia, e irle descubriendo espacios donde conocerlo. El lector tiene entonces la feliz tarea de asomarse detrás de la puerta, de escuchar sus pasos, de ir imaginando su voz y sus preocupaciones. Más tarde, el juicio objetivo hará, probablemente, de las suyas, y situará al personaje entre los afectos o los odios, entre la bondad o los sentimientos de repulsa. En cualquiera de los casos, el biografiado tiene la entidad de activo representante de la historia.
Pero también he de confesar que algunas biografías dejan una huella de identificación y emoción que va más allá de la mera lectura. Un reconocimiento, un asidero común que fortalece, que anima y proclama al personaje. Entre ellas, una última publicada por la Fundación José Manuel Lara en los últimos días de 2017, firmada por José Luis Ferris, que reivindica, bajo el título “Palabras contra el olvido”, la figura de María Teresa León.
En los tiempos de la reivindicación literaria de la mujer no puede sorprender que la nómina de escritoras sea enorme, que las líneas usadas para darles espacio se hayan multiplicado en una necesaria afirmación de su valía y, cómo no, en su reconocimiento en todos los ámbitos de la sociedad. Pero es que la figura de María Teresa León va más allá de situarla dentro del ámbito feminista, o femenino, de las escritoras de nuestro país. Su trayectoria vital no es ajena a la dureza de la sociedad que recorre el siglo XX, al menos la misma que nace después de la guerra y llega hasta los primeros años 80; aunque podríamos decir que, hija de un coronel del ejército afincado en provincias, señorita de sociedad, maltratada por un primer matrimonio, luchadora por las libertades y compañera de Rafael Alberti, su lucha define a la persona como un acontecimiento necesario para empezar a entender la evolución de una sociedad marcada por la reivindicación y el exilio.
Es sorprendente, como propone Ferris, este recorrido de vida desde la educación religiosa más férrea, pasando por la Institución Libre de Enseñanza, que supuso un espacio de libertad y juicio crítico, el paso del romanticismo de la niña al espíritu revolucionario, los viajes iniciáticos de apertura a nuevas referencias (la importancia de los viajes para María Teresa Leon es un elemento fundamental a tener en cuenta), su relación con Alberti (desde los momentos de felicidad plena hasta su deterioro), la URSS y su relación con Stalin, su implicación en la Guerra Civil, su aportación revolucionaria, el exilio, el exilio, el exilio. Y los amigos.
Pero también todo un caudal literario que marca hitos en la vida de María Teresa. Porque su literatura, olvidada ya para muchos, es un reconocimiento de su vida. O su acción para rescatar el teatro en Madrid en tiempos difíciles (recordamos las peripecias de las Guerrillas del Teatro). O la actitud ante uno de los capítulos más interesantes de la guerra: El desalojo de las obras de arte del Museo del Prado. O el piso de Rosales, foco de la vida cultural española en guerra. 
Una vida repleta de compromiso y de acción rematada por la triste enfermedad (padecía alzhéimer) que supone la pérdida de la memoria, la vuelta a la melancolía, su final de la historia. Conocida es la noticia de la vuelta del matrimonio a España el 27 de abril del año 1977 que supuso, entre otras cosas, el reconocimiento de la importancia histórica y política de los exiliados españoles y el advenimiento de un tiempo nuevo. Conocida también la enfermedad de María Teresa León, en una fase ya muy avanzada, que le impidió disfrutar de la vuelta del exilio y del recibimiento de toda una sociedad a la figura de Alberti o de Pasionaria, símbolos vivos del tiempo nuevo. “Había cientos de personas que esperaban en el aeropuerto, con banderas y proclamas, y ella sonreía”, recuerda su hija Aitana.
Porque la biografía de María Teresa León, escrita por Ferris, reconoce, o nos hace reconocer, a la mujer, a la escritora, a la revolucionaria, a la esposa y a la madre, dibujada muy necesariamente con los trazos de uno de los personajes más interesantes en la trayectoria histórica de todo el siglo pasado, no solo en España, sino también en los lugares en los que María Teresa procuró casa y comida a su familia. La guerra la situó en el espacio de las mujeres y los hombres necesarios para la acción política, el exilio la puso al frente de infinitos proyectos literarios, la vuelta a España la dejó sin memoria.
Ferris aprovecha las últimas páginas de su libro para situar a Aitana Alberti, única hija de su matrimonio con Rafael, como foco de reproche ante la ausencia de su padre en la larga enfermedad de María Teresa, para dibujar un espacio en el que la prensa española aprovecha las relaciones de familia para tratar de quitar prestigio al poeta. Su desapego a Aitana, su relación con la bióloga catalana Beatriz Amposta, las cartas cruzadas entre padre e hija, componen otro de los episodios que va edificando la figura de María Teresa, su verdadera naturaleza.
En cualquier caso, acudir a las páginas de “Palabras contra el olvido” es viajar hacia territorios históricos que han ido sembrando buena parte de los que ahora pisamos, trayectorias vitales que se identifican, muy seguro, con las propias, marcas de vida que van haciendo a hombres y mujeres para saber de hombres y mujeres. Aliento, metal y vientos de esperanza.

 ARTÍCULO PUBLICADO EN INFOLIBRE

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